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En Bermejo, la cultura salió a la calle |
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Por ULISES NARANJO de la Redacción de Diario UNO |
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Sucedió
así: un grupo de vecinos, mucho de los cuales son reconocidos artistas,
decidió abrir el barrio para el Primer encuentro de arte y producción
barrial. Esta fue la excusa para que cientos de mendocinos se encontraran,
vivieran el arte y retornaran a la niñez, poniéndole el cuero a
distintos juegos. infantiles de los buenos viejos tiempos.
Cientos
de personas asistieron al primer Así,
desde las 11 y hasta la noche, la calle Maure fue una víbora de colores
con puestos de artesanías y comidas típicas, esculturas, metegoles,
libros, pinturas, música, mimos, bolitas, titiriteros, murgueros, músicos,
máscaras, vitrales, danzarines y copas de vino tinto, todo formando un
corpus cultural inequívoco, una especie de Nothing Hill londinense, pero
acá, a la vuelta de casa. Y
no debiera llamarnos la atención que un grupo de vecinos, sin más,
consagre su barrio a una experiencia comunitaria de•vida. Sin embargo,
el hecho configura un acontecimiento
cultural sin precedentes. Ya
mismo digamos que no hubo apoyo oficial para el encuentro y que los
organizadores quieren dejarlo así: bien clarito. Quizás,
ya va siendo hora de que la cultura popular reaccione y, si esto ocurre,
nada hace presumir que deberemos la gracia a los administradores de la
cultura o a los particulares que manejan el tamaño de la realidad en
sintonía con el tamaño de sus bienes. Demos
una recorrida, siguiendo el rumbo del olor a empanadas y el latido de los
tambores que, sin aviso previo, de pronto cantan victoria. Allí,
en manos de sus familias, las caras de dos niños tendidos en el piso se
vuelven máscaras. Acá, tres enanos juegan alas bolitas; un par de tipos
fruncen el ceño en una partida de rigurosa dama, cuatro desaforados se
empeñan y empuñan en un metegol y una cola de ansiosos se anota con
cinco fichas por cabeza para hacérselas tragar a un sapo bocón de metal.
Ahora,
podríamos preguntarnos ¿por qué armar este tinglado en el corazón del
íntimo barrio? Dicen los vecinos: "Queremos comunicarnos y conocemos
entre los vecinos y que la gente conozca la enorme producción cultural
que hay en la zona", inician. "También
buscamos generar espacios de expresiones colectivas y barriales y así
unirnos en el consenso, apuntando a la comunicación", continúan. "Si
tuviésemos que sintetizar diríamos que trabajamos por el rescate de un
sistema de inclusión, más que a uno de exclusión, esto sólo se logra
con participación", finalizan los organizadores de una movida que
podría repetirse, al menos un domingo al mes. Retomamos
el periplo. A
uno y otro lado de la calle, se amontonan los mensajes de los artistas de
Bermejo: están escondidos en paisajes sobre telas de sus pintores, en las
mujeres talladas por hombres en
madera, en páginas de libros que siempre dicen cosas distintas, en el
momento en que la danza se detiene y nos concede el descanso, en el grito
ahogado del mimo indefenso, en el salto social de los murgueros, en la
respiración reconcentrada de un ser que practica reiki para que se
recupere un ángel y en el momento de soledad de la fotógrafa que hace
"clic" sobre el paraíso asentado sobre el lomo de la calle
Maure. Esto
sucedió ayer, en Bermejo. En una corta y estrecha franja de terreno, de
pronto nos encontramos de frente con todo to que hemos perdido. Unas copas
de vino nos esperan. Claro, y una página de un diario.
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