Domingo 18 de febrero de 2001
Calle Maure (antigua calle La Culebra)
Bermejo  Mendoza  Argentina

 

En Bermejo, la cultura salió a la calle

Por ULISES NARANJO  de la Redacción de Diario UNO

Finalmente, luego de revolver el plato de sopa de distintas divinidades sin encontrar un hueso, podemos decir que hemos encontrado el paraíso: queda en Bermejo, allí donde, al pie de un campo de narcisos, podés encontrarte con la mejor parte de tu vida. Y lo mejor de la vida, no cabe duda, siempre tiene que ver con la infancia, el amor y el arte.

Sucedió así: un grupo de vecinos, mucho de los cuales son reconocidos artistas, decidió abrir el barrio para el Primer encuentro de arte y producción barrial. Esta fue la excusa para que cientos de mendocinos se encontraran, vivieran el arte y retornaran a la niñez, poniéndole el cuero a distintos juegos. infantiles de los buenos viejos tiempos.

 

 

Cientos de personas asistieron al primer encuentro de arte y producción barrial. Una idea colectiva brillante

 

Así, desde las 11 y hasta la noche, la calle Maure fue una víbora de colores con puestos de artesanías y comidas típicas, esculturas, metegoles, libros, pinturas, música, mimos, bolitas, titiriteros, murgueros, músicos, máscaras, vitrales, danzarines y copas de vino tinto, todo formando un corpus cultural inequívoco, una especie de Nothing Hill londinense, pero acá, a la vuelta de casa.

Y no debiera llamarnos la atención que un grupo de vecinos, sin más, consagre su barrio a una experiencia comunitaria de•vida. Sin embargo, el hecho configura un  acontecimiento cultural sin precedentes.

Ya mismo digamos que no hubo apoyo oficial para el encuentro y que los organizadores quieren dejarlo así: bien clarito.

Quizás, ya va siendo hora de que la cultura popular reaccione y, si esto ocurre, nada hace presumir que deberemos la gracia a los administradores de la cultura o a los particulares que manejan el tamaño de la realidad en sintonía con el tamaño de sus bienes.

Demos una recorrida, siguiendo el rumbo del olor a empanadas y el latido de los tambores que, sin aviso previo, de pronto cantan victoria.

Allí, en manos de sus familias, las caras de dos niños tendidos en el piso se vuelven máscaras. Acá, tres enanos juegan alas bolitas; un par de tipos fruncen el ceño en una partida de rigurosa dama, cuatro desaforados se empeñan y empuñan en un metegol y una cola de ansiosos se anota con cinco fichas por cabeza para hacérselas tragar a un sapo bocón de metal.

Unos metros más allá, los puestos de los artistas, una vez más, nos ponen en el hocico una evidencia: el talento no es el destello de un genio, sino dos manos difundidas que abandonan la obra en el momento justo.

Ahora, podríamos preguntarnos ¿por qué armar este tinglado en el corazón del íntimo barrio? Dicen los vecinos: "Queremos comunicarnos y conocemos entre los vecinos y que la gente conozca la enorme producción cultural que hay en la zona", inician.

"También buscamos generar espacios de expresiones colectivas y barriales y así unirnos en el consenso, apuntando a la comunicación", continúan.

"Si tuviésemos que sintetizar diríamos que trabajamos por el rescate de un sistema de inclusión, más que a uno de exclusión, esto sólo se logra con participación", finalizan los organizadores de una movida que podría repetirse, al menos un domingo al mes.

Retomamos el periplo.

A uno y otro lado de la calle, se amontonan los mensajes de los artistas de Bermejo: están escondidos en paisajes sobre telas de sus pintores, en las mujeres talladas por hombres en madera, en páginas de libros que siempre dicen cosas distintas, en el momento en que la danza se detiene y nos concede el descanso, en el grito ahogado del mimo indefenso, en el salto social de los murgueros, en la respiración reconcentrada de un ser que practica reiki para que se recupere un ángel y en el momento de soledad de la fotógrafa que hace "clic" sobre el paraíso asentado sobre el lomo de la calle Maure.

Esto sucedió ayer, en Bermejo. En una corta y estrecha franja de terreno, de pronto nos encontramos de frente con todo to que hemos perdido. Unas copas de vino nos esperan. Claro, y una página de un diario.

 

 

Comentarios y sugerencias, por favor a encuentrosenbermejo@hispavista.com
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